Sep. 22nd, 2014

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[personal profile] annice
Lugar: Fuera del Castillo
Fecha: segundo fin de semana de julio

No había nada improvisado ahí: la sala de los Eldridge lucía impecable y frente al sillón, estaban el señor y la señora tomando un té helado. Él leía un libro, y ella la Corazón de Bruja. Annice tenía que esperar en su cuarto, ya lo sabía, hasta que la mandaran a buscar. Sin embargo, no tenía ninguna prisa ya que estaba entretenida experimentando con peinados.

La correspondencia había sido clara: ese sábado podría ir a la casa de los Edgeworth, por supuesto que para conocer a los crups, pero si Alexander pasaba a buscarla y le pedía permiso a su papá. Su padre ya sabía cuáles eran los planes y desconfiaba de que sonaban demasiado inocentes. Algo más tenía que haber.







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[personal profile] rachelmcarthy
El aire era diferente. Se sentía más liviano de lo que recordaba y le costaba creer que a qué se debía ese cambio. A pesar de que las pruebas sobraban, de que había actuado en consonancia con los hechos, se resistía a la idea de que el haberse ido de su casa, escapar de un matrimonio arreglado, de que aquel portazo era el motivo de esa frescura extraña. Desoladoramente agradable.

Hacía un par de días vivía con esa sensación sobre la piel. Por momentos la perturbaba fuertemente, amenazado llenar sus ojos de fuertes tormentas y arrojarla a la desesperación de la soledad. A los pocos minutos el sol aparecía en su sonrisa y alejaba cualquier nube que pusiera en duda sus decisiones.

Así estaba, construyendo en el día a día, minuto a minuto, su guarida para alejarse de ese clima tan cambiante, para que la tranquilidad reinara entre las paredes que había decidido habitar en un intento por comenzar de cero. Más bien en un intento por comenzar, por descubrirse…
´El pasado quedó atrás´ era la consigna que intentaba mantener en alto, y como si a partir del momento en que dejó Escocia la vida fuera un lienzo blanco, dibujó sobre él la base de su estabilidad como si de lo fundamental de una obra de arte se tratara: Sophia, que había sido la que le había aportado el valor para tomar la decisión; su trabajo, que había permitido costear ese lienzo; Lune, que junto al pequeño, modesto y, de alguna forma encantador, departamento que había alquilado al fondo del Callejón Diagon, materializaban ese dibujo. Pero ciertas sombras no la dejaban ir tan fácilmente. La familia que había dejado atrás y el recuerdo de ese amor que no se había permitido se intentaban hacer lugar entre la imagen que intentaba crear.

Jeff. Quizás serían esos ojos azules y esos brazos que con tanta fuerza la supieron rodear lo que más le dolía. Se imponían entre sus pensamiento, con mayor fuerza que otros, el momento en que, estando ellos sentados en uno de los bancos del patio de la Academia, ella le había confesado que aún lo quería luego de tanto tiempo separados, y visualizaba también el rostro de Jeff, que la miraba con dolor desde el otro lado del pasillo, cuando se hizo pública la noticia de su casamiento con un miembro de una familia purista. No se pudo acercar a él para explicarle que ese matrimonio nunca se iba a concretar. No lo había vuelto a ver después de eso.

Sentada en un pequeño bar a las afueras del Callejón Diagon mientras tomaba un té de jazmin, suspiró. Sentía una puntada en el pecho cada vez que recordaba esa mirada dolorida. ¿Por qué le había hecho eso? Pero Jeff debía quedar atrás, y no era tanto porque ella quisiera que así debía ser. Sino porque no tenía derecho a volver a él. El mundo mágico era pequeño. Los rumores corrían rápido. Las lechuzas andaban diciendo por ahí qué él miraba con sus bellos ojos azules a otra mujer.

((Puede ser el primero de algunos más. Todo depende de la inspiración je))