Lugar: Gran Salón
Personajes: Faaris Drakensberg & Eileen Utter
¿Dónde estaba Mireille? Llevaba, al menos, 10 minutos esperándola en la entrada del Gran Salón para entrar a cenar. -Quizás me equivoqué y me esté esperando en otro lado- era posible, había sucedido un millón de veces, pero esta vez estaba segura. Su amiga había sido muy específica. 'En el Gran Salón, la entrada. En frente a la puerta derecha, al lado de las escaleras, debajo del retrato de la cebra preñada' Eileen se había fascinado con la idea de que esa cebra eventualmente daría a luz, pero Mireille la había hecho entrar en razón sobre las monótonas vidas de las pinturas, y que nunca daría a luz y estaría preñada por siempre. Después, por segunda y tercera vez, le había repetido la ubicación. "¿Dónde estás, Ellie?" se preguntaba mirando de un lado a otro. No fuese a ser que se encontrara con alguien que le diera charla y la desconcentrara en su espera.
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Se había pasado la tarde haciendo una tarea grupal de adivinación en un aula vacía del castillo. Su amigo tejón estaba maravillado con las predicciones que Faah había realizado y no dejaba de comentarle al resto del grupo su espléndido y exitoso futuro. Si su prima Marva lo hubiera oído, seguramente lo ahogaba con el mismísimo té del que leyó el 'futuro'. La ventaja era que bajaba las escaleras hacia el Gran Salón y esa tediosa tarde de repente era reemplazada por la imagen de una chica alta y de cabellos rubios. -Utter- pensó identificándola al instante, y rezagándose a propósito para que sus compañeros los dejaran solos.
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Cerró los ojos y se encogió un poco de hombros, como un niño que temen que le den un golpe en la cabeza. No se sentía violentado en absoluto, pero tal vez eso ayudase a su imagen. Se transfiguraría en un infante si eso sirviera de algo, pero sabía que no era el momento para bromear (tanto) al respecto. "Sí, mucho" admitió, con un tono solemne. "¿Quieres desayunar conmigo... nosotros?" preguntó al instante, señalando a toda la mesa de tejones.
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Al menos diez compañeros de su casa se giraron a verla, demandante de LA respuesta. Ahora era aún más incómodo irse de la mesa, lo de Faaris ya no era entre ellos dos, sino que toda la mesa se rumorearía al respecto. Como Eileen Utter se levantó de la mesa luego de que el lindo y simpático jugador de quidditch, Faaris Drakensberg, la invitó a desayunar con él a pesar del maltrato que le había dado la blonda. "Mireille me espera..." dijo suavemente, intentando evitar que todos la escucharan y quisieran opinar.