Sep. 16th, 2015

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Las clases acababan de comenzar apenas unas semanas atrás, aunque con eso era suficiente para que tuviera una montaña de tarea acumulada por corregir. Fue más fuerte que ella y sabía que estaba siendo muy exigente, pero parecía que durante las vacaciones de verano la mayoría se olvidó de las medidas de seguridad básicas para utilizar un caldero y un mortero.

Luego del almuerzo, cargó la montaña de pergaminos en su bolso y se dirigió hacia la sala de profesores. Tal vez se encontraría con colegas ahí, aunque sabía que era el día en el que más evitaban ese lugar. Cada cual tenía sus motivos por qué, motivos que Maggie no pondría en duda. Ella, encantada de contar con tanto lugar.

Ingresó con un saludo en la punta de los labios. No necesitó soltarlo, ya que estaba sola. Abrió la ventana para ventilar y escuchó el crujido de un pergamino detrás suyo; era la cartelera de corcho, compartida entre todos los profesores. Entre los horarios y las notas respecto a los alumnos más complicados, había un dibujo de una niña de primer año que estaba a punto de caerse. Sin poder aguantarse la sonrisa, Maggie enderezó el dibujo con un  movimiento de la varita. El dibujo de un mapache con una varita, escribiendo mágicamente 'Transfiguración es lo mejor!' era adorable y le recordaba a cierto colega con el que jugaba con fuego. Merlín, qué manera de echarse hacia atrás. Todavía le daba vergüenza recordar cómo se acobardó en el baile de fin de año, con el salón casi vacío y un poquito de hidromiel de más. Sin embargo, era tarde para disculpas y desde el regreso, había tratado a Gates como a cualquier colega. Tal vez, más amistosa que lo común pero era cierto que tenía más trato con él que con otros profesores.
123owen: (awkward)
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Los veranos de vacaciones eran algo para cuando estudiaba. En Gringott's, no le daban tantos días por año y se había acostumbrado a ese ritmo. Al volver a Hogwarts, aunque como profesor, le dio suficiente tiempo como para no saber qué hacer con él. 
Por supuesto que la aritmancia llenó mucho de esos huecos; siempre estaba trabajando en algún libro, en nuevas fórmulas o en mejoras de fórmulas viejas. Por supuesto, no utilizaba su nombre para ellas. Siendo que conocía a poca gente, terminó cayendo en sus colegas.

Fueron días, semanas, en los que se preguntó qué hizo mal para recibir ese resultado del profesor de Criaturas Mágicas. Estaba seguro de que nada, pero no sonaba a que la respuesta que obtuvo era algo factible. Y en predicciones, sobre todo cuando eran tan precisas, solía tener una precisión que daba miedo.

Por eso, un día después de la cena en el Gran Salón, se dirigió hacia la oficina de Skarm. Tenía que ver dónde se equivocaba; o si estaba totalmente en lo correcto.