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paulit) wrote in
somosmuggles2013-11-25 12:22 am
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El Gran Jardín
Así llamaban a su dulce hogar los Gawith. Y la temática no era azarosa.
La mansión era un vivo ejemplo de las casas de campo inglesas del siglo XX. Los muros era un de color claro, con uno de ellos totalmente cubierto por una enredadera, pero apareciendo en ella varias ventanas. En el techo oscuro también había numerosas aberturas que hacían de la construcción una muy luminosa. Pero si su casa era grande, la gente debía asombrarse con su jardín de más de 40 hectáreas. En él se celebraría la boda, y los preparativos ya estaban casi listos. Había más de 20 carpas blancas dispuestas en los terrenos, con pasarelas de las que colgaban guirnaldas.
Victoria, si bien ya había pasado varios días con su mejor amiga, aún no había terminado de mostrarle toda su casa. Y es que los preparativos de la boda la tenían absorta, especialmente el repaso con Siobhan del gran árbol genealógico de los Gawith (el cual era uno, literal).
A Vicky se la notaba animada con la presencia de su amiga, y el tiempo familiar le había sentado mucho mejor. Se la veía radiante, sin ojeras, con los kilos que le hacían falta y que, para su alegría, se fueron a sus partes superiores. ¡Ya no había medias en su sostén y es que lo rellenaba solita!
La mansión era un vivo ejemplo de las casas de campo inglesas del siglo XX. Los muros era un de color claro, con uno de ellos totalmente cubierto por una enredadera, pero apareciendo en ella varias ventanas. En el techo oscuro también había numerosas aberturas que hacían de la construcción una muy luminosa. Pero si su casa era grande, la gente debía asombrarse con su jardín de más de 40 hectáreas. En él se celebraría la boda, y los preparativos ya estaban casi listos. Había más de 20 carpas blancas dispuestas en los terrenos, con pasarelas de las que colgaban guirnaldas.
Victoria, si bien ya había pasado varios días con su mejor amiga, aún no había terminado de mostrarle toda su casa. Y es que los preparativos de la boda la tenían absorta, especialmente el repaso con Siobhan del gran árbol genealógico de los Gawith (el cual era uno, literal).
A Vicky se la notaba animada con la presencia de su amiga, y el tiempo familiar le había sentado mucho mejor. Se la veía radiante, sin ojeras, con los kilos que le hacían falta y que, para su alegría, se fueron a sus partes superiores. ¡Ya no había medias en su sostén y es que lo rellenaba solita!

no subject
"¿Qué nos toca ver hoy?" le preguntó a su amiga después de un espléndido desayuno, sintiéndose también radiante de puro contagio. Los Gawith la habían recibido todavía mejor de lo que esperaba y, si le preguntaran, diría que deseaba no tener que dejarlos nunca.
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"¡Todo es tan genial! Y no creo que porque sea la primera boda a la que asisto, no señor" Estaba segurísima de que aquella experiencia sería muy difícil de igualar, y dejaría el listón bien arriba para futuras experiencias.
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"Sólo repasaremos un poco más a mis primos lejanos. Yo debo seguir con la gente del departamento de Juegos Mágicos" comentó, mostrando su propio fajo de pergamino. Había muchas personas del ministerio invitados a la boda, y menos mal que Circe se encargaba del Wizengamot y el departamento de ley mágica. A las chicas les tocaba ser quiénes recibieran a todo el mundo antes de que pudieran saludar a Cleopatra.
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Cualquiera pensaría que el memorizarse a todos los familiares de los Gawith era un perno, y una de las peores cosas que hacer para pasar las vacaciones, pero a Sib le resultaba todo un voto de confianza por parte de Cleopatra y, procurando que ambas pudieran cumplir con su cometido, le había sugerido a Vicky que jugaran a una especie de memotest, en el que una cubría el nombre y la otra debía decirlo basándose sólo en el pequeño retrato que acompañaba cada hoja. "Sólo espero no confundirme a ninguno el día de la fiesta, eso sí que sería vergonzoso"
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"Ya sabes, masajes, tratamientos con piedras mágicas, golpes de energía en la espalda... nos ayudará a estar más derechas. Y brillar" concluyó, de sólo pensar en lo mucho que se encargarían de su piel para que se viera radiante.
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"Nunca me han dado masajes, golpes de energía ni nada de eso" confesó Sib, todavía sin comprender muy bien de qué iría aquello pero emocionada ante la perspectiva de seguir probando cosas nuevas. ¿Es que no querrían adoptarla para siempre? Realmente podría acostumbrarse a vivir así, y casi que le costaba creer que su amiga no fuera tremenda malcriada al ver todos los mimos que recibía en su hogar.
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"Será el primer tratamiento para ti, entonces" dijo Vicky, tomando a Sib de la mano y llevándosela detrás del biombo. Sin miramientos, Victoria empezó a quitarse la túnica para quedar como Circe la había traído al mundo. Y la bata, por supuesto.
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La comprensión entre estas dos iba más allá de lo normal, y Tori sabía cuándo era prudente presionar y cuándo no; cuándo insistir y cuándo detenerse.
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Las brujas vestidas de rosa separaron a las amigas y las llevaron a dos camas angostas que evidentemente aparecieron mientras ellas se cambiaban. Les indicaron que se recostasen boca abajo y dejasen sus espaldas expuestas, siendo un tratamiento con piedras mágicas el primero en la lista.
Se dificultaba estudiar nombres de esa manera, y Tori sintió hasta cierta modorra, pero Circe, si bien dulce, también era una mujer exigente. Mientras las chicas eran mimadas, la señora Gawith les estaba tomando lección.
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Las preguntas de Circe la hicieron olvidarse de su situación poquito a poco, aunque esperaba que no las hicieran moverse de allí muy pronto, porque no se sentía realmente preparada. Ni hablar de lo que sería cuando empezaran los masajes, sintiendo manos extrañas recorriendo su espalda. Se le erizaban los vellitos sólo de pensarlo.
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Esperaba que Sib estuviera disfrutando tanto como ella de la sesión de belleza, si bien la cosa parecía más una trampa. Sería cuestión de soportar unos días más el entrenamiento, disfrutas del evento que sólo duraría unas horas y luego... luego vendría lo difícil, porque no sabía cuánto tiempo más dejarían los papás de su amiga que ella se quedara con los Gawith. Las vacaciones sin Sib ya no serían tan entretenidas.
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El interrogatorio continuó a lo largo de las demás actividades, acabando con la señora Gawith sumándoseles a los tratamientos de pedicura y manicura. Recién serían libres a la tarde, o lo más libres que podían ser encontrándose con los últimos preparativos entre manos.