Afilando las garras
La mañana era fresca, pero eso no mermaría el entusiasmo de Zuri. Había hecho muchos planes para la práctica, y si bien habría preferido otro turno en el campo, no se quejaría tampoco porque los leones fueran los primeros en entrenar ese día.
Ya habían pasado por la práctica de vuelo, por la cuestión de los pases, de los bateos y las atajadas. También la buscadora había tenido sus prácticas con la snitch mientras todos se dedicaban a eso. Pero era el momento de hacer algo más que lo que ya todos conocían. Jugar bajo presión había sido su mayor inspiración, además de aprender a lidiar con las frustraciones del juego.
A los cazadores les tocó jugar con fuego, y era casi literal. Había encantado la quaffle para que elevara temperatura después de cierto rato en las manos del cazador, sin causarles ningún daño, por supuesto; debían hacer la mayor cantidad de pases posibles tratando de asestar, a la vez que evitaban bludgers y otros jugadores. Muy para su sorpresa, había logrado conjurar una especie de sombras que se les interponían en el camino de manera repentina para estropearles la jugada. Era una sensación bastante desagradable atravesarlas también.
Los bateadores lo tendrían exigente también; ella no podía pretender menos de su desempeño aunque tuviera que prestar atención a los demás también. Su tarea sería, en equipo, asestar las bludgers a un mismo jugador. Y lo que señalaba al jugador atacado serían las pecheras, que tendrían un luz particular al indicarlos. Claro que, si dicha luz se apagaba, como bateadores tendrían que hacer lo imposible para evitar el impacto. Para llevar a cabo ese ejercicio, debió encantar no sólo las bludgers (no quería lesionar a algún compañero en la práctica), sino también los bates, para tener un peso mayor que equilibrase los cambios sufridos por las bludgers.
A la buscadora le había asignado el ejercicio más frustrante, y no porque tuviera algo contra Mireille. Habría alrededor de 20 snitches en todo el campo, pero la dificultad radicaba en hallar la verdadera; todas las demás (y aprovechando el nuevo encantamiento que había aprendido), eran meras sombras que se esfumaban sólo al atraparlas. Al cabo de unos minutos, la snitch falsa volvería a interponerse en el entrenamiento.
Al guardián le tocó lidiar con sus propios compañeros cazadores, como así también con las bludgers de las cazadoras y otras quaffles oscuras que salían de distintos puntos del campo para mantenerlo atento todo el tiempo. Éstas últimas, como las snitches de Mireille, se esfumaban al tocarlas.
Cuando bajó de la escoba, Zuri se sintió con más energía que nunca. Lo que no había pensado fue en que su entrenamiento, si bien exigente, podría merecerle algún puñetazo en los vestidores. Como fuera, ya todos lo sabían: haría lo que fuera por tener la copa.
((Bueno, un poco como los cuervos. Acá pueden postear qué hizo cada personaje en el entrenamiento, cómo se sintió, etc, etc! Como ya lo dije en narrador, si alguien quiere trompear a mi Zuri... LAS DOS ESTAMOS DISPUESTAS A TODO))

no subject
Montó vuelo en la escoba ni bien Zuri dio la orden, y comenzó a volar alrededor del campo en búsqueda de la snitch verdadera. Al principio dejó pasar algunas, a ver si descubría algún error en las falsas que la hiciera dar con la verdadera, pero pronto se dio cuenta de que todas las snitches que daban vueltas por el campus eran exactamente iguales. Zuri sí sabía lo que hacía.
Al final se encontró con que tendría que hacer eso de la manera más tradicional posible, una por una. Agarró unas diez, que se esfumaron en sus manos, antes de comenzar a frustrarse y agitarse. Se sentía idiota por no poder encontrar la real, y un tanto más por la fata de estado físico. Nada de eso la detendría, ella no podía perder.
Tomó una bocanada de aire, entrecerró los ojos y buscó alguna otra snitch. Ya no le importaba si era la real, atraparía cuantas pudiera hasta dar con ella. Debió haber pasado una media hora, tal vez un poco más, atrapando pelotas falsas que se desvanecían en sus manos, hasta que al fin dio con la verdadera.
Cuando sintió la vibración de las alas recorrer su mano se aferró a ella con más fuerza y bajó con la escoba hacia el suelo, desplomándose en el piso, escoba al lado y ojos cerrados. Se sentía, aunque cansada, victoriosa.