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drhorvath) wrote in
somosmuggles2015-11-02 05:30 pm
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Primera cita
Había pasado horas pensando en el lugar ideal. No horas de corrido, sino en los minutos que le quedaban entre paciente y paciente. Incluso lo había consultado con algunos a los que atendía hacía años. Claramente no les había comentado quién era la mujer con la que saldría, pues si bien no era un misterio en San Mungo de que era divorciado, nadie sabía los motivos de por qué lo era.
Se había decidido finalmente por un restorant italiano en el lado muggle. Los motivos: lugar nuevo, neutral, ni muy formal ni muy informal, y sobre todo alejado de los magos y brujas que podrían reconocerlos. Lo italiano era porque: ¿quién se resiste a un buen plato de gnocchis?
Había llegado temprano, quizás muy temprano, porque no quería arriesgarse a hacerla esperar. Decidió, sin embargo, esperarla afuera, o estaba seguro de que se tomaría todo el vino de puros nervios antes de que ella llegara.
((Emmm, no sé, 18 de octubre al almuerzo?))
Se había decidido finalmente por un restorant italiano en el lado muggle. Los motivos: lugar nuevo, neutral, ni muy formal ni muy informal, y sobre todo alejado de los magos y brujas que podrían reconocerlos. Lo italiano era porque: ¿quién se resiste a un buen plato de gnocchis?
Había llegado temprano, quizás muy temprano, porque no quería arriesgarse a hacerla esperar. Decidió, sin embargo, esperarla afuera, o estaba seguro de que se tomaría todo el vino de puros nervios antes de que ella llegara.
((Emmm, no sé, 18 de octubre al almuerzo?))

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No intercambiaron demasiadas cartas para acordar ese punto de encuentro. El primer día y horario que él sugirió cuadraba bien con los horarios de Becca. Sin embargo, no pudo con su genio y dejó una postdata: El próximo beso, me corresponde darlo a mi. Que no se te olvide eso. Le costó una cuantas horas llegar a escribir esa línea con esas palabras, ya que no quería sonar ni muy negativa ni muy optimista. La ponía nerviosa, de todas maneras, haber expresado claramente que habría otro beso y dejarse la responsabilidad plena en sus manos.
Becca daba clases ese día, por la mañana. No llegaba a cambiarse a su casa, así que tuvo que aceptar las consecuencias de enfrentar el aula con un atuendo poco habitual para ella. Luego de un par de bromas de alumnos y comentarios la clase pudo seguir su curso habitual. Tuvo el tiempo suficiente para contestar un par de dudas al final de la lección y luego salió hacia el mundo muggle. No sería su primera vez por esos lados, así que sus nervios no pasaban por ahí. Era por Max, y por lo que podía llegar a ser la cita.
Finalmente llegó a la calle del restaurante y miró a su alrededor, esperando llegar primera. Enseguida miró su reloj de pulsera y notó que no llegó tarde, sino que Max había llegado temprano. Con dudas, sin saber cómo sentirse (más allá de profundamente ansiosa), se acercó a su ex marido, agradeciéndole a cada peatón que le demoraba el camino. Aún no sabía siquiera cómo debía saludarlo.
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Como estaba nervioso, miraba a la gente que pasaba por la calle una y otra vez, por lo cual no le costó mucho verla entre los peatones. No lo pensó mucho: levantó una mano y la saludó con ella mientras esbozaba una pequeña sonrisa. Esperaba que lo viera entre el gentío, y sobre todo que notara que había llegado temprano a pesar de venir de San Mungo.
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